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La sacarocracia como élite fundacional de Cuba William Navarrete El Nuevo Herald, 3 de diciembre de 2006 Conocido es que la historia de la formación y consolidación de una nación depende y está ligada indisolublemente al reglón económico fundamental del país y a los individuos relacionados con él. Tal es la tesis principal de La Sacarocracia. Historia de la Aristocracia Azucarera Cubana (Ed. Ego Group, 2006), del Dr. Rubén C. Arango (La Habana, 1938), profesor de historia, lengua y literatura españolas de St. Thomas University. Desde los orígenes mismos de la colonización en Cuba, el autor de este enjundioso libro de historia, sitúa el centro neurálgico de la progresión de la Isla en la ciudad de La Habana. En ella, en un inicio, se entretejieron lazos familiares que constituyeron durante tres siglos una madeja enrevesada de alianzas que emparentaba, por así decirlo, a todos los individuos de las clases pudientes. Algo que, a la larga, favoreció el desarrollo de la colonia, la emancipación de la isla y la necesidad del establecimiento de la República, en 1902. Se detiene el autor, con rigor y exhaustiva búsqueda, en las familias fundadoras de la capital cubana: Roxas, Sotolongo, Velázquez de Cuéllar, Cepero, Pérez-Borroto, Recio (uno de sus miembros, Antón Recio, fue el fundador de Guaicanámar, primera fábrica de azúcar de importancia en el poblado actual de Regla), entre otras. Con las que no tardan en fundar alianzas otros apellidos que llegan también a la isla durante el siglo XVI: Calvo de la Puerta, Cárdenas, Peñalver, Beltrán de Santa Cruz, Pedroso, Guilizasti, y otros. De las uniones entre éstos y descendientes de las familias fundadoras surgió la matriz del poder económico, político y social del Occidente cubano, y en ella intentan insertarse los que llegan a La Habana partir del siglo XVII y desean un ascenso social: los Montalvo, O'Farrill, O'Reilly, Barreto, Aróstegui, Arango, Du Quesne, Chacón, Núñez del Castillo, González de Carvajal, Lombillo, entre otros. El autor, basándose en los estudios de genealogía ya publicados, da pormenores del origen de cada título nobiliario cubano hasta la actualidad. Esta nobleza cubana que la historiografía tradicional y la ''vox populi'' ha llamado peyorativamente ''los condes del azúcar'', tiene orígenes diversos y no todos se ennoblecieron gracias a los impuestos y regalías que ofrecían, en este sentido, a la corona española. Tal vez el caso más significativo sea el de quienes se destacaron en acciones de resistencia o defensivas durante la toma de La Habana por los ingleses, en 1762. La Sacarocracia extiende su estudio a los latifundios azucareros de Trinidad y la región del actual Cienfuegos (familias Terry, Iznaga, Borrell, Brunet y Bécquer), donde sí queda justificado el título del libro, dado que en esa región la élite surgió directa y exclusivamente emparentada con la actividad azucarera. Sin embargo, ni se aclara ni estudia --quizás por razones de tiempo y espacio-- el mismo fenómeno más allá de las fronteras de Las Villas, en la región camagüeyano-oriental, donde la oligarquía (sacarócrata o no) se convierte en el caldo de cultivo de las guerras de independencia cubanas, en mucho debido a la posición excéntrica que ocupaban con respecto al polo central habanero de poder. Aún así, La Sacarocracia --que casi hubiera valido la pena llamar ``La oligarquía del Occidente cubano''-- explora el fin del XVIII y el XIX cubanos, y explica muy bien la incorporación a la vida de la colonia de nuevos clanes de poder económico relacionados con la trata negrera, las innovaciones tecnológicas y el gran capital azucarero (los Diago, Madan, Drake, Alfonso, Villa Urrutia, hasta el consorcio familiar de los Cuesta-Manzanal, González-Larrinaga y Pérez de Urría) que, como lo hiciera la burguesía francesa de ese mismo siglo, intentan por la vía del matrimonio mezclar sus linajes sin renombre al de las familias aristocráticas fundadoras para legitimar su capital mediante el prestigio de cepa. También se hace eco el autor de los accidentes políticos entre criollos y peninsulares, anexionistas y reformistas, independentistas y monárquicos, hasta la decadencia del régimen colonial en Cuba y la entrada del capital norteamericano en la coyuntura económica cubana. Un bosquejo general de la Cuba republicana y la situación actual, un apéndice de ingenios cubanos y una extensa y bien cuidada bibliografía, amén de un utilísimo Indice Onomástico, completan las 558 páginas de este valioso trabajo de investigación que entrega Rubén C. Arango a los cubanos e investigadores de temas relacionados con la historia de Cuba. |