Bolero… una lección de valentía
William Navarrete
El Nuevo Herald - 5 de marzo de 2006


Hay libros que se escabullen. Son libros de los que oímos hablar y nunca logramos leer. Por razones que no caben aquí "Bolero, ma non Troppo" (Ed. Aduana Vieja, Cádiz, 2005), de Regina Ávila, ha sido uno de ellos. Su autora, tal vez poco consciente de sus valores, nos privó durante más de veinte años de su lectura. Y se fue a recorrer mundo.

Ahora, su reciente publicación, nos alegra los últimos pistoletazos del invierno en París. Y es que "Bolero, ma non Troppo" no es sólo un libro de confidencias dolorosas, sino también una obra escrita a tientas que sabe por qué existe, a dónde va y se rehúsa a entregar, de una vez, todos sus misterios.

Dos planos se superponen. El primero, el del presente, el tiempo real, corresponde al despertar del personaje: una mujer que desde los breves instantes que suceden al acto de abrir los ojos a un nuevo día, antes entre las sábanas donde se arrebuja Troppo (su perro) y luego frente al espejo de su baño, no cesa de pensar en retrospectiva, preguntándose siempre qué ha sido su vida y hacia dónde deberá mirar. En este segundo plano, el de la memoria (siempre selectiva), viaja la mujer de infinitos nombres, la mujer de las circunstancias, la de múltiples vidas, que inaugura el nuevo día como si nunca supiera por dónde empezar, de tanto que le pesan los recuerdos, de tanto que le angustian las preguntas.

Desde esos viajes incesantes del pasado al presente y viceversa, la novela cobra una dimensión humana real: la necesidad de incorporarse, a pesar del dolor, y avanzar hacia el enigma de lo desconocido, hacia la vida real para vencer tal vez la otra vida, la que flota en un limbo de recuerdos entre el nacimiento en Caracas, la infancia cubana, el exilio norteamericano, el intento de empezar cada vez, como si del mito de Sísifo se tratase, en España, en París, en la italiana Sorrento. Y entre tanto, gana la autora y ganan la novela y su personaje innegable universalidad, enriqueciendo al lector que pudiera sentirse amedrentado ante su propia vida.

"Bolero, ma non Troppo" es asimismo el libro que, si por una parte constituye una lección de valentía; por otra es también un libro-espiral. El portazo final deja profundas interrogantes que no son sólo las de su autora sino la de cualquier lector medianamente curioso que se cuestione el misterio de la vida, de dónde venimos, a dónde vamos. Tratándose además de un libro que ha esperado, sus páginas han ganado paradójicamente en frescura. En ellas brotan los retoños del renacer más allá del final, y para ello, tal vez por ello, la autora ha intercalado caligrafías árabes, que son palabras llenas de sentido que nos guían entre sentimientos y pasiones. Los arabescos son la belleza visual del libro, la trascendencia, y los debe la autora a su hija, Latifa Al-Sowayel, que los ha delineado con la misma precisión con que una mujer ante un espejo trazaría con un lápiz la línea de sus ojos.

Y como espejos múltiples que nos devuelven cada vez rostros propios y diferentes, este bolero se baila sin cesar en una galería barroca, elegante, donde sólo caben los mejores sueños. Bolero andante entre los cristales que son capas de recuerdos. Bolero vivace de pasión, deseos, resoluciones, profundas reflexiones y ganas de vivir. Bolero andante y bolero vivace que Regina Ávila, la escritora que baila eternamente entre cientos de máscaras venecianas, nos invita a tomarles de la mano, a ella y a él, para que nunca cesemos de bailar.


Regina Ávila
"Bolero, ma non Troppo"
Ed. Aduana Vieja, Cádiz, 2005, 166 pp.