EL CEMENTERIO DE COLON
Por: Miguel Fernández
 
 
  El Cementerio de Colón de La Habana es uno de los cementerios más sobresalientes del mundo debido a sus valores esculturales.

La historia de este cementerio data de 1854 cuando el gobernador Marqués de la Pezuela proyectó la construcción de una nuevo cementerio en La Habana cuando resultó insuficiente e inoperante el viejo Cementerio de Espada.

Su construcción fue autorizada por Real Decreto el 28 de julio de 1866 y el 30 de octubre de 1871 se inició la construcción cuyas obras fueron concluidas casi quince años después, es decir, el dos de julio de 1886.

La entrada esta presidida por un monumento escultórico de mármol de Carrara. El conjunto representa las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Obra del arquitecto español Calixto de Loira. Los relieves y las esculturas en mármol de Carrara son del cubano José Vilalta de Saavedra.

En la Necrópolis Cristóbal Colón, numerosos panteones son recreación a escala de las mansiones coloniales de sus dueños originales en otras épocas. Los arcos, las cúpulas, y los característicos vitrales de su magnificente arquitectura decoran las construcciones funerarias artísticamente.

Esas obras constituyen una de las características más notables del camposanto, ejecutadas en los variados estilos arquitectónicos y materiales, de acuerdo con la fecha de construcción y la posición económica del fallecido.

Verdadero monumento arquitectónico de la antigüedad, la Necrópolis de Colón cuenta además con el honor de ser el único cementerio americano dedicado al gran navegante, descubridor de la Isla y de otros importantes destinos en el continente americano.

Si impresionantes son las construcciones, no menos formidables resultan sus estatuas, como el conjunto escultórico dedicado a un grupo de bomberos muertos en 189. Esta obra funeraria de unos diez metros de alto, obra del escultor español Agustín Querol, representa a los bomberos fallecidos.

La tumba más popular y sin duda la más visitada es la de Amelia Goire de la Hoz, una dama de alta alcurnia, conocida ahora como "La Milagrosa".

Amelia Goire, murió el 3 de mayo de 1901 casi al término de su embarazo, fue sepultada con su hija en su vientre. Se cuenta que al abrir el sepulcro tiempo después para enterrar al suegro de la finada, esta se encontró abrazada a su hija.
En la actualidad el sitio se ha convertido en un lugar espontáneo de peregrinación popular producto del mito donde miles de creyentes piden favores y hacen promesas de todo tipo.

Representaciones y mensajes de gran cantidad de promesas cumplidas aparecen documentados en su tumba por creyentes, entre ellos sobresalen ropa de bebé, flores, muñecos, adornos y placas de agradecimiento.

 

 
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