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Putas perdidas en una ciudad triste Luis Cino LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Gabriel García Márquez, además de escoger mal sus amistades, no tiene suerte con el cine. Como buen caribe, con una persistencia digna de un personaje de Macondo, Gabo insiste en probar suerte con sus obras en la pantalla y en cultivar amigos inconvenientes. El escritor colombiano no repara en costos. Su fascinación curiosa por la soledad de los dictadores es irresistible. Es capaz de llevarlo a chamuscarse como una mariposa nocturna en funciones de correo secreto. Mientras, fracasan estrepitosamente los intentos de adaptar sus historias geniales al cine. Ya se anuncia que se prepara la versión cinematográfica de su más reciente novela, "Memorias de mis putas tristes". García Márquez escogió como locación para la película el paisaje de su amistad con Fidel Castro, La Habana. Un lugar ideal para putas tristes y sin porvenir. Para infelices hambreadas y aturdidas por las calles o estratégicamente ubicadas en las proximidades del Poder. Soy de los majaderos que prefieren invariablemente los libros a las películas basadas en ellos. Soy terco en aferrarme a las fisonomías, colores y hasta olores que imagino cuando leo. No me gusta ceder ese derecho a algún director. Prefiero mojarme sin un paraguas del set cuando llueve en Macondo. No acepto que me cambien el rostro de Aureliano Buendía. La forma de subir al cielo de Remedios la Bella no puede ser distinta de como alguna vez la vi. Afortunadamente, ya se decretó la absoluta imposibilidad de adaptar al cine "Cien Años de Soledad". No creo que llevar a película "Memorias de mis putas tristes" tenga mejor suerte que otros intentos. No es probable que rejas, columnas, balcones o un bolero en La Habana logren el milagro de rodar con éxito una novela de García Márquez. Lo mismo ocurriría en Barranquilla o Cartagena. No hay que lamentarse. Las historias de El Gabo no necesitan del celuloide. Lo que sí me duele es que Andy García no haya podido rodar "The Lost city" en La Habana. Durante más de 16 años, el actor cubano americano y el escritor Guillermo Cabrera Infante lucharon con la fuerza que da el amor por hacer la película dedicada a la ciudad que les robó la dictadura. Andy García tuvo que conformarse con locaciones en República Dominicana. El amor a la patria y la música de Cuba fueron las únicas cosas que no le pudieron impedir. Don Guillermo no pudo ni siquiera darse el gusto de ver la película. Dicen que "The Lost City" es inexacta y desmesurada. Que pesaron demasiado el destierro, la lejanía y la nostalgia. La izquierda no le perdona que mezcle iconos sacralizados y paredones. Sus mitos tienen que ser eternos, nutridos por la mentira y el sufrimiento de los pueblos. Tal vez Cuba no era así. Tampoco como la exhibe la propaganda del régimen cubano. Si alguien necesita conocer la verdad en películas, que junte The Lost City, la esperpéntica Soy Cuba, Memorias del subdesarrollo, Tributo a papá y El Hombre de Maisinicú. Además de deprimirse, tal vez logre sacar algo en claro. El año de sus 90 años, un viejo putañero se regalará una noche de amor loco con una adolescente. García Márquez lo hará sucumbir a esa tentación en La Habana. El escritor colombiano suele olvidar que una vez dijo que "el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad". No lo digo sólo por lo del nonagenario putañero, sino también por los amiguetes de Gabo. El anciano gozará su ninfa en La Habana con fondo de boleros. Andy García y el espíritu siempre exagerado e inquieto de Don Guillermo seguirán soñando la patria perdida como único puede ser: en clave cubana. Las putas tristes seguirán vagando y tropezando por una ciudad perdida y también triste. Arriba |
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