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Tan claro como el agua Tania Díaz Castro LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - No es difícil de entender que a partir del 29 de agosto de 1990, cuando se inició el llamado "período especial en tiempos de paz", se agravó aún más la vida en Cuba. No sólo porque trajo como consecuencia que el gobierno decretara el aumento del racionamiento de alimentos, sino porque, además, comenzaron a desaparecer paulatinamente aquellos servicios con los que hasta cierto punto se beneficiaba la población. De forma tan alarmante disminuyeron los servicios, que año tras año los parlamentarios de la Asamblea Nacional del Poder Popular se vieron obligados a integrar comisiones para debatir sobre el mismo asunto y seguir intentando la inútil búsqueda de soluciones. Este año, por ejemplo, se planteó en dichas asambleas, como algo muy espinoso, la situación que afronta la Empresa de Correos de Cuba. La información de la prensa al respecto fue breve, pero se está viendo desde hace años que se acabó el servicio de correos en la Isla. Ya nadie envía telegramas, giros telegráficos, bultos postales, y las cartas son escasas. Y no es que todos tengan teléfono o a los ciudadanos se les permita el libre acceso a Internet para comunicarse mejor. Cuba sigue con su atraso de siempre. La gente encontró la solución al conflicto: no usa el sofá porque piensa que el problema radica exactamente ahí, en el sofá. Para que se tenga una idea sobre esto, en la zona 10 del reparto costero Alamar, en La Habana, viven dos mil personas. Según William, el cartero, él reparte un promedio de cinco o seis cartas diarias, más la prensa del día y el recibo telefónico mensual. Se comenta que dentro de poco también desaparecerá el recibo del teléfono. Hay que pensar entonces que si los servicios de correo brillan por su ausencia, es que ya nadie puede hacer cartas de amor y mucho menos el que muere puede contar la presencia de los familiares que viven lejos. Cómo se las arregla la población ante este dilema nadie lo sabe, pero la verdad es que el recuerdo de aquel pito del cartero y su grito de ¡telegrama! se van convirtiendo en entidades folclóricas, memoria de un pasado remoto. Hasta eso hemos perdido. No lo digo yo, lo dice el periódico Trabajadores: "Para la familia cubana media es difícil encontrar, en el sector estatal, una persona capaz de sacar de apuros cuando hay un problema de electricidad, albañilería, carpintería, etcétera". El servicio de lavandería y tintorería prácticamente ha desaparecido, y es imposible mandar a reparar un equipo electrodoméstico. Según la prensa, esto se debe a que la ubicación laboral de los graduados constituye un problema aún sin resolver. ¿No será que aquellos que han estudiado en los tecnológicos, donde también se forman obreros calificados, prefieren trabajar por cuenta propia? ¿No se han hecho esa pregunta nuestros diputados, los que no saben qué hacer con el sofá que engendra el problema? Todo está tan claro como el agua: cada día que transcurre de "período especial" los cubanos cuentan con menos servicios. Es crítica la situación. Todo lo estamos perdiendo poco a poco. Llegará el momento que no quedará nada. Ni siquiera vergüenza. Arriba |
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