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Trampas en los mercados agrícolas
Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Millones de cubanos tienen
que recurrir a los mercados agrícolas; todos, en mayor o menor medida
controlados por el estado, para equilibrar la deficiente alimentación
sostenida que padece la población.

Van los cubanos a las tarimas de venta a enfrentar las trampas
institucionalizadas que atentan contra la economía familiar. No es posible
entender que el gobierno, controlador absoluto de producción,
transportación, almacenamiento y comercialización de los productos agrícolas,
anuncie con frecuencia el incremento de las cosechas, y al mismo tiempo
aumente los precios de forma meteórica.

"Ni boniato, que era comida de cerdos, se puede comprar", dijo una
airada mujer que realizaba sus compras en un mercado estatal del municipio
Centro Habana, quejosa por el alto precio del tubérculo.

El boniato, más conocido en el exterior como patata dulce, formó parte
importante de la dieta del cubano, y refleja muy bien las vicisitudes
actuales de la alimentación. Se trata de una producción del llamado
ciclo corto. Se cultiva en cualquier época del año mediante la siembra de
fragmentos de su bulbusa raíz, o por trozos de sus flexibles tallos.
También resulta muy nutritivo en la alimentación de cerdos y reses.

Un hecho histórico poco conocido es que Cuba llegó a producir cierta
cantidad de azúcar de boniato con destino al mercado de Estados Unidos
durante la II Guerra Mundial, como complemento a la alta demanda de
azúcar.

El organopónico (parcela urbana dedicada en pequeña escala a la
producción agrícola) Celia Sánchez, en Sancti Spíritus, en el centro de la
Isla, el pasado sábado sólo tenía a la venta lechuga y ajo porro. Midiala
Rodríguez, la administradora, expresó que no ordenó la recogida del
resto de los trece productos sembrados porque era poca la venta.
Residentes en Los Olivos, barriada cercana al organopónico, la desmintieron.

En las tarimas del mercado estatal situado en la esquina de Ánimas y
San Nicolás, también en Centro Habana, boniatos, ajíes, coles, plátanos y
frutabombas se pudren a ojos vista, sin nadie que los compre por la
pésima calidad y los altos precios, que no bajan.

¿Por qué no hay rebaja? Porque eso forma parte de las trampas que hace
el régimen a los consumidores para obtener ganancias millonarias. No se
comprende por qué frutos acopiados y transportados desde zonas lejanas
(lo que implica mayores gastos) tengan iguales precios que los
cosechados en las proximidades de la capital. Es otra forma de estafar al
consumidor.

Recoger los cultivos, cualquiera que sea, antes del tiempo indicado,
como se hace a menudo, va en detrimento de la calidad del producto, y
perjudica a la población en el bolsillo y en la salud. Si a esto se une la
mala manipulación, la deficiente transportación y el almacenamiento de
la mercancía, se completa un cuadro sistemático de deficiencias que
sólo perjudican a la población.

El lema oficial del estado en sus establecimientos comerciales,
dirigido al consumidor es: "Mi trabajo es usted". Otra es la apabullante
realidad no expresada gráficamente: "Lo tomas o lo dejas".



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