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Triste panorama el de los trabajadores cubanos

Desde Cuba por Oscar Sánchez Madan

Martes 2 de Mayo de 2006

Payo Libre

Matanzas – Pese a las concentraciones, las gastadas consignas y los discursos retóricos de este primero de mayo, los trabajadores cubanos se desenvuelven en un sombrío panorama en el que sus derechos básicos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la organización de Naciones Unidas, y en otros pactos internacionales, son groseramente pisoteados. Basta hacer un breve análisis sobre la permanencia del castrismo en poder para percatarse de ello.

Luego de que en 1959 Fidel Castro y sus partidarios asumieron la jefatura de la nación y barrieron con todo lo que oliera a sociedad civil democrática, incluyendo los sindicatos libres, genuinos representantes de los trabajadores, la situación de los obreros, campesinos, intelectuales y empleados del sector público cubanos empeoró mucho más que en los años de la cruel dictadura de Fulgencio Batista, quien se mantuvo en el poder, gracias a un golpe de estado, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el 31 de diciembre de 1958.

A pesar del esfuerzo del pueblo cubano por no dejarse arrebatar las importantes reivindicaciones reconocidas de la constitución democrática de 1940, las libertades sindicales y laborales fueron abolidas en los años 60 por los comunistas, quienes se apoyaron en una “sacrosanta” militarización del país, utilizando el pretexto de una supuestamente posible invasión de tropas estadounidenses contra la isla.

Con el apoyo de la entonces Unión Soviética, Castro convirtió la nación en un verdadero campo de batalla. La persecución oficial obligó a los principales líderes sindicales a marchar al exilio. Muchos de ellos fueron a parar a la cárcel.

Con el surgimiento en las décadas del 80 y del 90 de las organizaciones pro derechos humanos y los sindicatos independientes, cuyo trabajo se ha desarrollado hasta estos días sobre la base de la no violencia, pero asumiendo el meritorio e importante legado de quienes enfrentaron al régimen castrista por otras vías, y gracias al apoyo y la solidaridad del mundo democrático y de los compatriotas del exilio, la opinión pública internacional poco a poco ha ido conociendo el triste panorama que rodea a los trabajadores cubanos.

Como lo han denunciado en los últimos años las organizaciones de la oposición interna y externa cubanas, el actual gobierno de la isla continúa impidiendo cualquier intento de los trabajadores a formar sindicatos independientes que los represente verdaderamente.

El Estado sólo reconoce a una central sindical, la cual es controlada por el partido comunista y el gobierno. Asimismo, a los trabajadores se les niega el derecho a la huelga, derecho que aunque no está vedado por la ley, su ejercicio es obstaculizado por los eficientes órganos de represión del oficialismo, sobre todo por la policía política.

El estado controla a su antojo el mercado del empleo y decide a la vez las condiciones de trabajo en el sector público, además controla los salarios.

La ley de inversión extranjera de 1995, obliga a quienes invierten en el país a contratar la mano de obra nacional a través de agencias estatales de colocación, y mientras los inversores pagan a dichas agencias en moneda libremente convertible, ésta les paga a los trabajadores la cifra equivalente en devaluados pesos cubanos, apropiándose de más del 90 por ciento de su salarios.

Por otra parte, y esto es algo inconcebible, los trabajadores tienen que someterse a una exhaustiva investigación política del Estado antes de poder ser contratados, a pesar de que, como afirma el gobierno, los enemigos de la revolución no son ellos, sino los imperialistas.

Quienes trabajan están ajenos a las decisiones empresariales, no se les consulta ni se les tiene en cuenta para nada, los mismos son víctimas con bastante frecuencia del abuso de poder de los dirigentes administrativos estatales y debido a los bajos salarios que perciben y a la deficiente atención que se les presta, se ven obligados a robarle los recursos al Estado y comercializarlos en el mercado informal para poder subsistir.

De tal manera, y pasando por alto muchos otros desmanes, que bien pudieran mencionarse, podemos llegar a la conclusión de que los derechos laborales y sindicales de los trabajadores cubanos son flagrantemente violados, algo que deberá cambiar cuanto antes.


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