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Nuevo estrés a la cubana Desde Cuba por Hugo Araña MATANZAS, Cuba - Miércoles 26 de Abril de 2006 (CUBANET) - Mi vecina (y quien no es mi vecina) está "a la viva". Y cuando digo "a la viva" es porque desde hace un tiempo un nuevo estrés cayó sobre ella, como un relámpago. La mayoría de las madres cubanas transitan contra su voluntad por una nueva angustia. Todo se inicia al levantarse. Aún sin asearse corren directamente y a una velocidad envidiable para cualquier atleta de pista, con el propósito de mirar el contador eléctrico. Mi vecina (y quién no es mi vecina) se ha graduado de supervisora del gasto de la electricidad en su hogar. Y aún con los ojos legañosos controla lo que se gastó de corriente el día anterior. Y no es rara la mañana que todos los vecinos, incluido el comentarista, escuchen su grito de asombro por lo consumido. Mi vecina puede competir con cualquier soprano cuando lanza a los cuatro vientos su nota más aguda: un ¡Ñoooooooooo! de pecho. Alarmada, planifica de nuevo y exhaustivamente lo que podrá gastar durante ese día, a qué horas. Para ella (como para muchos) este tipo de ahorro actúa sobre su vida, y le trae un nuevo dolor de cabeza de los muchos que padece como ama de casa. Racionaliza hasta el extremo de planificar qué se va a encender o no en su hogar. Vigila cuando alguien en la casa deja una luz encendida, el fogón eléctrico, o la olla. Motivo suficiente para organizarle un mini acto de repudio, y no por asuntos políticos, al "derrochador". Mi vecina (y quien no es mi vecina) es posible que sea condecorada por el Comandante en Jefe en el mismísimo palacio presidencial. La vigilancia se acentúa sobremanera cuando llega la hora de meterse en la cocina a inventar la comida con lo poco que tiene disponible, aunque ahora dispone de olla arrocera eléctrica que sirve para hacer de todo, y de la hornilla, último modelo made in China. Y le falta por adquirir el calentador eléctrico. Mi vecina no puede quejarse. Transita por el desarrollo. Sin embargo, los kilovatios aumentan. La cuenta sobrepasa lo estipulado, por mucho que racionalice. Y se aterra mi vecina cada mañana. "¡Hay que ahorrar más!" -se desespera. Por lo tanto, dispuso que su familia pasara un curso intensivo propio para murciélagos, y así podrá moverse por la casa en medio de la oscuridad, con el propósito de no herir más el precario presupuesto familiar. ¡Ah!, y de calentar agua para el baño, nada. El agua fría es buena para los músculos. La implacable tarifa eléctrica anunciada por el Comandante acecha sin contemplación y hay que atenerse a los altos precios de la energía. Una mañana, cuando tocaron y abrió a la puerta se topó con el cobrador de la luz y allí se quedó frita, cuando vio la cantidad que tenía que pagar. Por poco mi vecina muere de un infarto al constatar que su plan de ahorro había fracasado. Y sin poder más, exclamó fuera de sí, sin importarle que todos la oyeran: "¡Para qué tantas ollas eléctricas si nos han subido la tarifa! Cada vez que a este hombre se le ocurre una idea, lo que hace es jodernos más todavía". Si mi vecina (y las que no lo son) continúa así, el día menos pensado irá a descansar al Panteón de los Héroes. Arriba |
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