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En el ocaso del castrismo
Por Alberto Muller

Publicado por "Diario Las Américas" en su edición impresa del martes 28 de marzo, 2006

Jueves 30 de Marzo del 2006
Cuando a un país le faltan rosas, luces, panes y alegrías, quiere decir que anda rondando su decadencia.
Por eso en la Cuba actual, algunos ciudadanos con frecuencia lamentable optan por la negación más dramática y dolorosa.

El ocaso inevitable y decadente del castrismo viene acompañado de una descomposición moral de tal magnitud, nunca antes vista en la república cubana, que obviamente se expresa en los reflejos de muchos rostros de ciudadanos tristes, agobiados y con obsesiones escapistas muy marcadas.

De lo único que no hay carencias en la isla cubana es de agentes de seguridad y/o de brigadas de corte fascistas de respuesta rápida para reprimir, intimidar y acosar al pueblo indefenso y al heroico movimiento disidente que se gesta y toma fuerza en todos los rincones del país.

De punta a punta, en toda Cuba, hay carencias de electricidad, de ron, de vivienda, de transporte público, de tabáco, de petróleo, de azúcar, de un pedazo de pan, de pescado fresco, de carnes rojas, de viandas frescas, de frutas del Caney, de leche para los infantes, de agua potable, de zapatos cómodos, de repuestos industriales, de ropa para vestir y de utensilios de hospital, por sólo mencionar los acápites más gráficos y dolorosos.

En contraposición a las carencias materiales del último ciclo generacional, tenemos el cansancio y el deterioro moral de que muchos hayan perdido el apego a la tierra, a la Patria, que al unirse ambos en una conciencia atolondrada, conducen a los alarmantes índices de suicidios y los deseos masivos por huir del país en busca de libertad.

En otro ángulo, el país carece de las instituciones básicas que hacen de cualquier nación un terruño estable, seguro y agradable para vivir. En Cuba el Partido Comunista, supuesto rector político del país, es una entelequia casi invisible, que apenas se reune y carece de la autoridad moral para regir a la ciudadanía.

Tampoco existe en Cuba un Tribunal Supremo de Justicia, que de confianza en el balance equilibrado de aplicar la balanza justa en los conflictos sociales.
No existe un Organismo que Controle los flujos del presupuesto y eso permite que la corrupción en el país sea galopante y generalizada a todos los niveles posibles.

Fidel Castro confesó en un largo discurso durante el mes de noviembre pasado, "que la revolución puede auto-destruirse por sí misma con los errores frecuentes de la corrupción".

¡Optimista el caudillo cubano, pues Cuba ya es un hervidero corrupto quebrado en mil categorías de corruptelas incontrolables !
Todas estas carencias explican las estadísticas recientes que muestran que en los últimos treinta años, se han suicidado en toda Cuba, unos 80 mil cubanos.
Si la cifra de suicidios la extendemos a todo el proceso revolucionario, entonces nos topamos con una cifra suicida que sobrepasa a los CIEN MIL ciudadanos, que se han quitado la vida por no soportar todo el peso destructor y castrativo del sistema imperante.

Esta cifra de suicidios que es del 20 por ciento sobre cada 100 individuos, colocan a la Cuba castrista entre los países que encabezan la lista con más suicidios en el mundo.

Si a las cifras suicidas, se le suman los DOS MILLONES de cubanos que han huido de la isla hacia el exilio, entonces la conclusión es que los márgenes de felicidad en Cuba andan como perdidos en algún rincón del mar o del alma nacional.

Es cierto que todas las etapas de autoritarismo en la historia, llámense dictaduras nacionales o regímenes totalitarios provocan un alarmante aumento en los índices de suicidios de la sociedad, como lo hemos expuesto en el presente trabajo.

Pero aparentemente en Cuba se van rompiendo todos los records, en la medida que nos acercamos al ocaso o decadencia final de un régimen que se desintegra aceleradamente.

En fin, se ha comprobado con creces, que cuando a un país le faltan rosas, luces, panes y alegrías, como en la Cuba comunista del presente, algunos ciudadanos con frecuencia optan por el suicidio, como la negación más dramática y dolorosa.

Confiemos que en un futuro cercano, ya pasado el ocaso del castrismo con su desplome definitivo, vuelvan a correr en Cuba las brisas de la alegría, de la honestidad y de la libertad.

Y desaparezcan para siempre los brisotes huracanados del autoritarismo y de la intransigencia.


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