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La noche del presidio...

Por Lionel Rodríguez

Periódico "La Tribuna" de Newark, New Jersey el jueves 23 de Marzo del 2006

Viernes 24 de Marzo de 2006

NetForCuba
Yo era apenas uno de los seis mil presos políticos que estaban en la gran cárcel de Isla de Pinos, al sur de Cuba, cuando los comunistas decidieron cerrarla el 23 de marzo de 1967.

La dictadura impuso allí un régimen de trabajo forzado. El tirano quiso mostrar al mundo una "revolución económica y social" en Isla de Pinos ocultando el hecho de que usaba presos políticos como mano de obra esclava.
Poco a poco los prisioneros fueron aumentando su resistencia al plan, entre un reguero de sangre, compañeros muertos, muchos heridos, mutilados, inválidos, enloquecidos en aquella lucha "a mano limpia" que merece muchos libros, películas, series de TV, pero que, en general, fue y sigue siendo olvidada, silenciada por tantos países, organizaciones, gentes y medios de comunicación.

A medida que resistíamos los verdugos aumentaban su presión. Trajeron sus fuerzas élite de "lucha contra bandidos", milicianos veteranos de crímenes y abusos contra campesinos y guerrilleros alzados. Hubo todo tipo de abusos, nos obligaban a arrancar con las manos desnudas plantas espinosas, muchas veces nos dejaban sin visitas, sin comida, sin correspondencia.
Multiplicaron sus bayonetazos, golpes, disparos. Presos que se negaron a trabajar fueron llevados a punta de bayoneta y sumergidos en las aguas pútridas de una zanja que recogía las aguas negras de servicios sanitarios y alcantarillas del presidio y del campamento militar. Muchos otros fueron conducidos allí a punta de rifle "para que vieran el castigo que les esperaba". Pero la resistencia seguía, la consigna era hacer lo menos posible, estorbar lo más posible, protestar a gritos cualquier ofensa física o verbal.

Muchos caían heridos o muertos por los ataques de los milicianos. Cada día nos preguntábamos a quien le tocaría el turno de ser asesinado. Decidimos que aquello no podía continuar. Nos valimos de diversos medios para comunicarnos de uno a otro edificio (las "circulares") y a finales de 1966 acordamos que sería mejor morir en la resistencia que asesinados impasiblemente. Se tomó el acuerdo (los guardias le llamaron "la locura") de lanzarnos a una resistencia final, poniendo solo el alma y el cuerpo ante las armas del enemigo implacable. Sufrimos mucho, tuvimos más muertos y heridos.

Nuestras familias, algunos amigos y compatriotas de adentro y de afuera divulgaban los horrores que se cometían en Isla de Pinos contra los presos.
Un día comenzamos a notar cambios de guardias, métodos menos inhumanos. Y aquella noche del 23 de marzo de 1967 vimos las luces de muchos camiones militares que avanzaban hacia nosotros. Todos en guardia desde las celdas nos preparamos para lo peor. Pero, no. La dictadura había decidido cerrar el presidio y dispersar a los reclusos por cárceles en toda Cuba.

En aquel periodo espantoso yo no fuí un héroe, pero conocí a muchos.
Por eso hasta soy capaz de comprender que a otros les será difícil creer los relatos (verdaderos) de lo que los presos políticos cubanos fueron capaces de sufrir durante muchos años para mantener sus ideales anti-comunistas. Sé que pocos impresionados por películas y TV sobre hechos menores- pudieran dudar nuestra verdad de que cientos de presos mantuvieron huelgas de hambre por diez, veinte, treinta días, en las que hubo muertos por falta de asistencia o asesinados a tiros y bayonetazos; como miles resistieron años y años casi sin comer, sin atención médica o dental, vistiendo harapos o a veces desnudos en galeras bajo tierra, en celdas en forma de gavetas donde no podían estar de pie, haciendo sus necesidades sobre ellos mismos, en celdas tapiadas sin luz ni sol, llenas de ratas e insectos, en "cabañitas" donde el enemigo suministraba frío o calor con ruidos y torturas mentales. O cuando miles de presos vivieron durante angustiosos meses en edificios cuyos cimientos fueron dinamitados por los rojos para hacerlos explotar "si desembarcaban los americanos". El épico episodio de los presos que se turnaban día y noche para vigilar mientras un grupo perforaba paredes y tierra para llegar a los cables de conexión con la dinamita, cortarlos y volverlos a colocar disfrazados para que pasaran la inspección de los guardias. ! Que buen tema para una película con "Oscar" y todo! Pero no, Hollywood prefiere narrar los atropellos de otras dictaduras donde las "víctimas" son los comunistas. En otra etapa, el régimen quiso quitarnos el uniforme amarillo de los presos políticos e imponernos la ropa azul de los presos comunes para hacerle creer al exterior que en Cuba "no había presos de conciencia". Nos negamos. Nunca en Ginebra condenaron el castigo que nos impuso la dictadura manteniéndonos un año sin ropas, solo con una toalla, un calzoncillo y un par de botas, en celdas y galeras bajo tierra, en verano y en invierno, sin artículos de aseso personal, sin pelarnos ni afeitarnos, sin visitas, sin informarle de nuestro paradero a las familias, "desaparecidos". Son muchos los episodios pero poco el espacio. En este aniversario, mis saludos y recuerdos a todos los que ayer y hoy, como pudieron y como pueden, resistieron y resisten contra la indiferencia y la complicidad interna y externa.


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