ARTÍCULOS

 
Las remesas dichosas
Por JORGE SALAZAR CARRILLO
El Nuevo Herald


Miércoles 22 de Marzo del 2006


Son muy dichosos los que reciben estas dichosas y generosas remesas. Especialmente cuando provienen de países que los mantienen embargados. Las exportaciones e importaciones limitadas, pero erosionadas por subterfugios ilegales. El turismo, exportación de Cuba al mercado americano, que es el caso más egregio de los mencionados, se disfraza a través de contactos culturales, religiosos o educativos. Las importaciones americanas no permitidas llegan a través de México, Panamá o algún otro puente cercano.

Pero en estas cuentas externas, ¿cómo se consideran estas remesas? Ellas se registran como pagos o transferencias no retribuidas, y equivalen a exportaciones cubanas de buena voluntad y agradecimiento (cuando lo hay) hacia los Estados Unidos (EEUU). ¿Quién pudiera seriamente protestar del tal embargo, generador de divisas, y aún llamarlo bloqueo? ¿Y hasta cínicamente protestar de los nuevos ricos (en términos relativos) que las mismas crean, mientras aumentan los precios de lo que ellos compran por fuera de la mísera libreta, en las ''tiendas de recuperación de divisas''? Recuerden que el salario promedio en la isla, aun después de los recientes aumentos, es de $12 al mes, y la Tesorería de EEUU permite envíos de cerca de diez veces esta cantidad a familiares cercanos.

Las cuentas externas de los países se reflejan en los balances de pagos que las transacciones internacionales implican. Estos mecanismos contables registran los pagos que obtienen los países cuando exportan, reciben remesas, hacen disponibles sus recursos humanos y naturales a la inversión extranjera directa, consiguen préstamos del exterior para desarrollarlos o donaciones de fuentes oficiales (gobiernos de países ricos y bancos internacionales públicos que los mismos financian). Para que tengan una noción de la importancia de las remesas contemplen que, en el año 2005, fueron mayores que las inversiones extranjeras directas para los países en vías (eternas) de desarrollo, siendo que estas últimas superan ampliamente los ingresos que reciben los países en préstamos o ayuda externa.

El caso de Cuba no es diferente. La inversión extranjera directa se ha mantenido a niveles promedio de $50 millones anuales, lo que muestra que hay muy poco interés por parte de los inversionistas extranjeros en utilizar los recursos cubanos. En cuanto a las donaciones externas de gobiernos o entidades públicas internacionales, las mismas no alcanzan los $150 millones anuales. Los préstamos externos, todos a plazos de un año o menos, y tasas de interés leoninas (con excepción de los venezolanos), se estiman en aproximadamente $800 millones por año. Mientras que las remesas superan los $1,000 millones cada año, considerando las últimas restricciones del gobierno americano, y las maneras creativas de burlarlas que los emigrantes cubanos han inventado desde su imposición. Es decir, que estas remesas equivalen a todos los demás pagos internacionales legítimos (no incluyendo lavados de dinero) que recibe el gobierno cubano a través de sus cuentas externas. Para financiar los importes que implican sus importaciones perentorias de bienes ($3,750 millones), que representan dos y media veces sus exportaciones de bienes ($1,500 millones).

El remanente del déficit entre estas exportaciones e importaciones, se financia con el balance neto de pagos del turismo en Cuba (una buena parte proveniente de EEUU, aun después de las recientes limitaciones) y por medio de las transacciones ilegítimas. Y todavía sobra para que las pirañas de la piñata (léase la alta cúpula del totalitarismo castrista), puedan depositar en sus cuentas numeradas en Suiza y otros paraísos fiscales del mundo. ¡Qué desparpajo!

Y no esperemos que esto cambie, porque la investigación muestra que, mientras mayor sea la crisis económica, más aumentan las remesas dichosas.


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