|
ARTÍCULOS |
||
|
Jorge Olivera: el peligro de escribir Desde Cuba por Luis Cino Viernes 3 de Marzo de 2006 LA HABANA, Cuba - Marzo (CUBANET) - Jorge Olivera no pretendía convertirse en héroe. Era un tipo tranquilo con cuerpo de estibador, que amaba la vida familiar, el jazz, el cine y la literatura. En condiciones normales pudo haber sido escritor, músico o documentalista. Sus represores lo convirtieron en héroe contra su voluntad. Olivera sólo quería escribir libre y tener un piano. El piano tuvo que esperar tiempos mejores. Lo más difícil, escribir libre, lo consiguió cuando dejó su trabajo como editor en la televisión cubana, a principios de los 90, para unirse al periodismo independiente. Llegó a dirigir la agencia Habana Press. Desde entonces, Olivera ha vivido en peligro. Primero fue el acoso de la policía política contra él y su familia. A veces, alcanzó proporciones kafkaianas. Durante la ola represiva de la primavera del 2003 lo condenaron a 18 años de prisión. Resistió apoyado en su fe religiosa y el amor de Nancy Alfaya, que nunca le falló. No dejó de escribir. Tampoco dejaron de revolotear por su mente las armonías de Chick Corea. Un año y siete meses de atroz encarcelamiento bastaron para poner en riesgo su vida. En noviembre de 2004 lo excarcelaron bajo las condiciones de una ambigua licencia extrapenal. Le negaron el permiso de salida del país. Creyeron, ilusos, que al fin lo habían doblegado. Jorge Olivera Castillo corre ahora mismo el peligro de volver a la cárcel. Su delito sigue siendo escribir libre. Lo hace mejor que siempre. Toma el pulso de La Habana en calles, solares, hospitales y mercados que refleja, con una peculiar vena poética, en artículos y crónicas. Un juez ejecutor de la Habana Vieja, con potestades de señor de horca y cuchillo de la legalidad socialista, le comunicó lleno de odio al periodista que el Partido, el Ministerio del Interior y "las organizaciones de masas" lo tienen en la mirilla. Que no puede salir de la ciudad. Que si no acepta el empleo humillante que le asigne el tribunal, lo enviarán de nuevo a la cárcel. Regresaría a las miasmas de la prisión provincial de Guantánamo. O lo volverían a encerrar con los criminales endurecidos de la cárcel de Aguica. Tal vez le deparen algo peor. Sólo por escribir. Es probable que se vean obligados a cumplir sus amenazas. Jorge Olivera confunde y da sorpresas. Nadie sospecha tanta nobleza y sensibilidad en su enorme corpachón. Tampoco tamaña cantidad de determinación y amor a la libertad. Jorge Olivera conoce bien la Biblia. Sabe que todo tiene su momento bajo el sol. Ya lo dijo el Eclesiastés: "Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su hora". Hoy, un hombre acechado que escribe libre en La Habana y corre peligro por ello, sueña, entre otras cosas, con un piano. El tiempo no lo paran jueces ejecutores, carceleros ni jaurías azuzadas. Vendrán tiempos mejores para Cuba. Los merecemos. Olivera podrá escribir sin represalias, amar a Nancy, reír con su rica franca de gigante y por qué no, tener un piano. Arriba |
||